Hoy descubrí que es lo que hace que una persona me vuelva loca: su frescura.
Comer a sabiendas de que vas a pringarte, sonreír y enseñar esos dientes imperfectos que te disgustan y que a mi me encantan, sonrojarte pero continuar con tu discurso, saber que no tienes tu mejor cara y mofarte de ello, pisar el suelo recién fregado y partirte de risa, porque pedir perdón simplemente no te sale...
el derecho de soñar
martes, 15 de junio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
Nunca llegaré a saber si lo que dices es verdad o mentira.
Siempre envolviendo todo lo que haces con un halo de misterio.
Diciendo verdades como templos, pero a medias.
A veces me pareces sencillo.
Otras, tan complicado que me siento tonta.
Intento adivinarte más allá de lo que dicen tus gestos, más allá de lo que dices tú.
Antes intentaba entenderte. Ahora intento entenderme a mí.
Aún así, me encanta pensarte, oirte, sentirte.
Seas verdad o mentira.
Siempre envolviendo todo lo que haces con un halo de misterio.
Diciendo verdades como templos, pero a medias.
A veces me pareces sencillo.
Otras, tan complicado que me siento tonta.
Intento adivinarte más allá de lo que dicen tus gestos, más allá de lo que dices tú.
Antes intentaba entenderte. Ahora intento entenderme a mí.
Aún así, me encanta pensarte, oirte, sentirte.
Seas verdad o mentira.
A veces siento que el tiempo se me escapa. Otras, que no pasa nunca. Es raro.
A veces me gusta jugar a retarlo, al tiempo, me refiero. Contar segundos más lentos de lo que son en realidad, o más rápidos, depende de lo que necesite en cada momento.
Lo difícil es contar segundos a su ritmo real. ¿Lo has hecho alguna vez? Contar como si fueras un reloj, como si fueras la manilla del segundero. Uno, dos, tres... Contar como si sólo estuvieras sumando, como si cada uno de esos momentos fueran a volver. Y no. No volverán. Ojalá. (U ojalá no...)
Supongo que cuando dentro de unos quedemos a contarnos cómo nos va la vida, diremos eso de "¿te acuerdas hace cinco años?" Y ese momento es ahora. Lo que mañana será ayer, es hoy. Lo que el lunes que viene será la semana pasada, es hoy. Y así sucesivamente.
En fin, voy a contar más rápido, así creeré que falta menos para pillar la cama, y para hablar contigo un ratito.
A veces me gusta jugar a retarlo, al tiempo, me refiero. Contar segundos más lentos de lo que son en realidad, o más rápidos, depende de lo que necesite en cada momento.
Lo difícil es contar segundos a su ritmo real. ¿Lo has hecho alguna vez? Contar como si fueras un reloj, como si fueras la manilla del segundero. Uno, dos, tres... Contar como si sólo estuvieras sumando, como si cada uno de esos momentos fueran a volver. Y no. No volverán. Ojalá. (U ojalá no...)
Supongo que cuando dentro de unos quedemos a contarnos cómo nos va la vida, diremos eso de "¿te acuerdas hace cinco años?" Y ese momento es ahora. Lo que mañana será ayer, es hoy. Lo que el lunes que viene será la semana pasada, es hoy. Y así sucesivamente.
En fin, voy a contar más rápido, así creeré que falta menos para pillar la cama, y para hablar contigo un ratito.
jueves, 10 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Argentino, moreno de rayos, greñitas como a mi me gustan, unos cuarenta. Se acercó con una de esas excusas tontas que sirven para romper el hielo, pero que con gente tan fría como yo no surgen efecto. (¿Fría? ¿Soy fría? No, qué coño voy a ser yo fría. Bueno, distante. Un poco distante, quizás. O ficus, directamente.)
Tardé menos de lo que me costó decirle que sí, que menudo calor, en analizarle así por encima.
Pulsera de acero en la muñeca derecha, colgante de oro con tres alianzas. Oros, odio los oros.
La verdad que el tío estaba fibrado. Lo justo. Lo justo para saber manejarse en los terrenos farragosos, pero aún así, mi instinto femenino me susurró a gritos que funcionar, lo que todos entendemos por funcionar... vamos, que era más bien... escasito. Escasito de recursos, me refiero. De tacto, de saber hacer, de generosidad...
Los prejucios me hicieron creer que su coche era uno de los muchos BMW tuneados que había en el taller. Cuál fue mi sorpresa cuando el mecánico se le acercó para decirle que ya lo tenía, que ya estaba arreglado. Y cuando ambos se detuvieron ante un Corvette rojo de perfecta inclinación de capó, de ruedas gruesas, de tapacubos relucientes.
Y no sé si me infravaloro, pero no me imagino subida a uno de esos coches a los que llaman de "alta gama". Se supone que la copilota debe ser guapa, rubia, tetuda...
Pues eso, que dejo el asiento del acompañante para otros. Yo prefiero conducir, y todo lo que eso conlleva. Aunque sea en mi cochecito de 80 cv, y aunque tenga que quitar el aire para adelantar...
Tardé menos de lo que me costó decirle que sí, que menudo calor, en analizarle así por encima.
Pulsera de acero en la muñeca derecha, colgante de oro con tres alianzas. Oros, odio los oros.
La verdad que el tío estaba fibrado. Lo justo. Lo justo para saber manejarse en los terrenos farragosos, pero aún así, mi instinto femenino me susurró a gritos que funcionar, lo que todos entendemos por funcionar... vamos, que era más bien... escasito. Escasito de recursos, me refiero. De tacto, de saber hacer, de generosidad...
Los prejucios me hicieron creer que su coche era uno de los muchos BMW tuneados que había en el taller. Cuál fue mi sorpresa cuando el mecánico se le acercó para decirle que ya lo tenía, que ya estaba arreglado. Y cuando ambos se detuvieron ante un Corvette rojo de perfecta inclinación de capó, de ruedas gruesas, de tapacubos relucientes.
Y no sé si me infravaloro, pero no me imagino subida a uno de esos coches a los que llaman de "alta gama". Se supone que la copilota debe ser guapa, rubia, tetuda...
Pues eso, que dejo el asiento del acompañante para otros. Yo prefiero conducir, y todo lo que eso conlleva. Aunque sea en mi cochecito de 80 cv, y aunque tenga que quitar el aire para adelantar...
martes, 8 de junio de 2010
Hay gente que prefiere vivir arrodillada antes que morir de pie.
Gente que acepta vivir de forma mediocre, que se resigna a ser feliz. Que aun a sabiendas de que su vida no le llena, prefiere taparse los ojos. Y seguir. Seguir como si nada.
No se dan cuenta de que en ese camino supuestamente independiente que es la vida, arrastran a otros. Personas que sí arriesgarían, personas valientes que necesitan más, que necesitan a ese cobarde para vivir.
Pero mientras, el que decide agachar la cabeza, tira para adelante, convencido a cada paso de que es ley de vida, y el valiente, el supuesto valiente, se cose la boca y se corta las venas. La única forma de hacer que el corazón le deje de latir por ese maldito. Por ese maldito cobarde.
Prefiere morir de pie que vivir arrodillado.
Gente que acepta vivir de forma mediocre, que se resigna a ser feliz. Que aun a sabiendas de que su vida no le llena, prefiere taparse los ojos. Y seguir. Seguir como si nada.
No se dan cuenta de que en ese camino supuestamente independiente que es la vida, arrastran a otros. Personas que sí arriesgarían, personas valientes que necesitan más, que necesitan a ese cobarde para vivir.
Pero mientras, el que decide agachar la cabeza, tira para adelante, convencido a cada paso de que es ley de vida, y el valiente, el supuesto valiente, se cose la boca y se corta las venas. La única forma de hacer que el corazón le deje de latir por ese maldito. Por ese maldito cobarde.
Prefiere morir de pie que vivir arrodillado.
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